Tutorial básico de MTI. (7). Irish-session FAQs

¿Y ahora dónde voy a tocar?

Supongamos que has asimilado el contenido de los otros tutoriales; que tocas como la mismísima Liz Carroll; o que te has aprendido todos los temas de la Pedropaedia de memoria (de hecho, te has quedado corto, y tu próximo reto es aprenderte el O’Neill de cabo a rabo). ¿Y ahora qué?

Si has llegado a este punto, es posible que  lleves mucho tiempo tocando en casa solo. Pero lo más probable es que habiendo tocando solamente en casa, no hayas llegado a este punto tan siquiera. ¿Por qué? Bueno, entender la música tradicional irlandesa no es solo una cuestión de oído, técnica o estilo. También es una actividad social, y como tal, se alimenta del contexto, el lugar, la gente y un propósito. Además, la motivación de aprender y demostrar lo que has aprendido es con frecuencia el pretexto que te anima a practicar en casa.

La pregunta es, pues, ¿dónde voy a tocar?

Lo primero que solemos respondernos aquí en España es “monto un grupo y me voy a buscar bolos por los bares”. Esto no está mal, resulta emocionante y, si se parte de un nivel aceptable y se cuenta con un guitarrista potente que tire del carro, hasta puede salir bien. Además, las horas de ensayo requeridas te obligan a adoptar una “disciplina de estudio”.

Paddy´s
El templo de la música tradicional en Granada, aquí es donde hay que ir a tocar

El problema es adoptar esto como un modelo desde el principio, principalmente, por dos motivos: Por un lado, el riesgo a atrincherarse en un repertorio cerrado y explorar poco otras dimensiones que añaden riqueza  y profundidad a esta música (nuevas melodías, ritmos, estilos, etc.); tocar en grupo implica que te rindas al sonido del grupo, que intentes ser efectista, consiguiendo sonar bien sin demasiado esfuerzo, conformándose con cumplir los objetivos dentro del grupo. Por otro, la frustración que a veces surge por obsesionarse por la calidad de la interpretación, especialmente si se está aprendiendo, y que lleva a profundizar solo en los aspectos técnicos del instrumento. Por no hablar también de la frustración de la propia gestión del grupo, la búsqueda de sitios que paguen decentemente, las peleas internas, etc.

¿Cuál es la alternativa? Puedes volverte a casa e invitar allí a tus colegas musicales.  La opción es muy cómoda, podéis combinar tocar con charlar, escuchar discos, aprender temas entre todos sin presiones…

Bueno, lo primero que habrás tenido que hacer previamente es conocer gente que toque música irlandesa (o parecidos). Pueden ocurrir dos cosas: o que hayas engañado a tus colegas de parranda de toda la vida para que enganchen un whistle y un bodhran (y aprendan cómo se pronuncian sus nombres); o que hayas explorado todos los foros y redes sociales en busca de nuevos amigos musicales que comprendan tu “enfermedad” (o, simplemente, en busca de amigos).

Llegados a este punto, el modelo “doméstico” plantea otras dificultades, más allá de cabrear a vecinos, familiares o compañeros de piso -o a todos a la vez-: por una parte, si has elegido a tus colegas de parranda, tal vez os aburráis pronto de estar en casa y os vayáis por ahí de tapas y a beber (llegando a un punto en que las quedadas musicales prescindan del acto musical). Por otra parte, si eres el habitual de los foros y redes, imagínate que un personaje extraño y solitario te invita a su casa sin que lo conozcas, con el sospechoso pretexto de enseñarte sus flautas de madera.

Frikis
El friki es un personaje abundante en las sesiones

¿Qué hacer? La solución que se ha adoptado en Irlanda, así como en buena parte del mundo, es la de las Irish sessions (que aquí llamaré “sesiones”). Es decir, una reunión más o menos informal de músicos en un bar, taberna o similar, sin ningún propósito particular. Esta opción reúne las ventajas de tocar en casa, por su carácter distendido, a la par que la motivación y los momentos de “performance” individual de un concierto en grupo, junto con la interacción con un “público” (que, en ocasiones, puede ser mucho más próxima), y las sorpresas espontáneas (a veces positivas, a veces negativas) y miles de anécdotas que surgen después de una noche llamando la atención en un bar. Pero, ante todo, una sesión es un espacio de aprendizaje sin parangón, suficientemente flexible para adaptarse sin esfuerzo, pero lo suficientemente exigente para afrontar nuevos retos. Más allá, organizar y asistir a una sesión hoy en día es el acto social por antonomasia de esta música: todo aquel que invites a una sesión o que se preste a ir (incluso aquel personaje solitario de antes) sabe a lo que va.

¿Pero qué es una sesión? Vamos a destacar a continuación una serie de aspectos importantes para comprender una sesión, en caso de que quieras organizar una o unirte a alguna ya existente, bien como músico o como oyente (los listeners pueden ser una parte fundamental del ambiente de la sesión).

The Irish Session FAQs

¿Qué es una sesión?

Imagínate que tienes un grupo de amigos o conocidos con los que compartes un interés o afición y quedáis en un bar para hablar de ello. Ahora, piensa que esos amigos llevan instrumentos musicales y que esa afición de la que les gusta hablar es la música. Ahora, cambia la mitad de la cháchara directamente por música. Finalmente, añade que al dueño y a los clientes del bar les gusta lo que hacéis, y os piden que volváis.

Con todo esto, tendrás como resultado algo parecido a una sesión.

Y digo “algo parecido”, porque no hay normas sobre lo que debe o no debe ser una sesión. Por tanto, hay muchas variantes sobre el concepto “músicos tocando desenfadadamente en un bar”. La sesión es lo que el colectivo de músicos quiera que sea, con las limitaciones propias o las impuestas por el contexto.

Si tu grupo de música decide hacer una sesión, seguramente comience siendo algo parecido a un ensayo sobre el repertorio que tenéis dominado. Si acabas de empezar con la música irlandesa y te reúnes con un grupo de principiantes, tocaréis 8 veces juntos “The Kesh jig” (u otros temas habituales) y os iréis a beber. Si llevas muchos años y conoces mil temas (los toques mejor o peor), seguramente no habrá quien te levante del asiento.

¿Qué es esto que tocáis?

El 99% del tiempo, seguramente estés oyendo música irlandesa de baile. Tal vez se intercale alguna canción u otras expresiones musicales de otras culturas populares (las sesiones pueden ser muy cosmopolitas). Pero esto será una excepción (o una estrategia para atraer tu atención, después de tocar lo que parecen variaciones de un mismo tema durante dos horas).

¿Estáis improvisando?

Sobre la improvisación, la respuesta es “sí” y “no”. El repertorio es improvisado, en el sentido de que es abierto. Nadie tiene una lista con 20 temas y 4 bises (en todo caso, sí libretas repletas de nombres de temas que anotó en otra sesión). Las melodías, en su mayor parte, no. Pueden existir variantes más o menos espontáneas, sobre ornamentaciones, velocidad, estilo, arreglos armónicos… pero la estructura será, en esencia, la misma. Esto es muy imporante: un músico, ya venga de Irlanda, de España o de Japón, debería ser capaz de adaptarse a las mismas melodías.

Por lo tanto, no se debe confundir estas sessions con las jam sessions del jazz, donde sí se improvisan melodías, en base a una serie de patrones rítmicos y reglas de armonía compartidas por sus músicos (nota: personalmente, para mí hablar de jazz es como hablar de física cuántica, así que perdónenme los expertos).

¿Esto es música celta?

Esta pregunta interrumpirá la sesión e iniciará un largo debate histórico, filosófico y ético desde el origen de los celtas a la música new age que no llevará a ninguna parte.  Porque quien hace la pregunta sabe de sobra que lo que está escuchando es música celta, y quien recibe la pregunta se muestra extrañamente ofendido por alguna razón difícil de de explicar, seguramente asociada al hecho de que, en un pasado (concretamente, en los 90), también dijo que tocaba música celta. Así que no hagas la pregunta. Y si te hacen la pregunta, limítate a asentir,  sigue tocando y sé feliz.

¿Os sabéis Whiskey in the Jar, The Wild Rover…?

No os sorprenda que esta pregunta provoque varias miradas incómodas y cuchicheos entre los músicos. En general, se aplica a cualquier rebel song irlandesa, salvo que haya algún guitarrista presto a cantar en la sesión, o un espontáneo del público (generalmente irlandés, con más de 50 años) que se arranque con la primera estrofa. Por lo demás, recuerda que el repertorio que se suele llevar a la sesión es de baile. Ello no está reñido con dar espacio a quien decida cantar . Pero precaución: muchas de estas canciones son “topicazos” que aniquilan el clima de las sesiones más puristas (como ponerse a cantar canciones de Manolo Escobar); no obstante, cuando el ambiente del local está animado y alguien se arranca, pueden ser divertidas.

¿Os sabéis la del Titanic?

Por tu seguridad, mejor no hagas esa pregunta.

¿A qué hora empieza el concierto y cuándo acaba?

Sí, todavía hay gente que me pregunta esto, incluso después de explicarles todo lo de arriba.

Bien, los músicos y el dueño del bar acuerdan una hora para empezar y acabar (esta última suele ser la más flexible, dependiendo del ambiente). Por tanto, mi respuesta a esa pregunta suele ser “estamos allí de tal a tal hora (o a partir de tal hora): ven cuando quieras a echarte una cerveza”.

Porque una sesión no es un concierto, pero puede tener su público. No obstante, que estés en un bar cuando hay una sesión no implica que tengas que actuar como público. De nuevo, piensa en la sesión como una conversación: si te interesa de lo que se está hablando, genial; si prefieres irte a la barra a beber o a ligar, magnífico; si quieres participar en la conversación, eres bienvenido (aunque con ciertas precauciones de las que ahora hablaremos).

Por su parte, los músicos tampoco tienen obligación de ensayar la sesión u ofrecer espectáculo y calidad. Una sesión es el producto imperfecto que es: de ahí su encanto.

¿Puedo unirme a la sesión?

Para responder esta pregunta, hay que entender que las sesiones pueden organizarse en contextos muy diferentes, más o menos oficiales, abiertos o protegidos.

Vengo de la tercera luna de endor para unirme a tu sesión

Las sesiones “estándar” (y con ello nos referimos a las más habituales en Irlanda) suelen estar en cierta manera oficializadas por el local, con calendario regular, y el compromiso de dos o tres músicos que asisten siempre y lideran la sesión (proponen repertorio, moderan la intervención de los diferentes músicos, etc.). Si quieres unirte a sesiones de este tipo, deberías hablar previamente con los organizadores y mantener de primeras un perfil bajo.  Una sesión estándar implica cierto equilibrio entre la distensión y disfrute de los músicos y la calidad de la música, pues también es un atractivo para el local . Que no te disuada participar, pero pregunta y sé cauto.

En ámbitos menos oficiales y más espontáneos, puede ocurrir de todo; no hay pautas, salvo la máxima de “donde fueres, haz lo que vieres”. Una sesión puede estar formada por un grupo de colegas que llevan años tocando, en la que tú serás el nuevo (esto no se aplica solamente a las sesiones , sino a cualquier contexto social); aunque también puede ser un encuentro fortuito de músicos abiertos a nuevos contactos. Lo habitual, dado el perfil de los músicos, es que exista un poco de las dos cosas. De cualquier modo, encajar en una sesión de este tipo tendrá más que ver con tus habilidades sociales que musicales, y, por supuesto, con el perfil de las personas que participan.

Ahora bien, incluso dentro de estos dos ámbitos, podemos partir de varios supuestos:

“Acabo de comprarme un whistle en la tienda de enfrente y os he visto aquí tocando”

Precisamente partimos en esta entrada de que la sesión puede ser un buen contexto para aprender y avanzar en la música irlandesa. Lo bueno es que muchos de los músicos que te encontrarás en una sesión (ya sea estándar o informal) opinan lo mismo, y te animarán a que participes, incluso aunque te creas incapaz de ello. Lo malo es que puedes toparte con otras formas de pensar (perfectamente legítimas, por otra parte: no olvides que una sesión no tiene porque ser un evento público). Además, si estás empezando, puede que necesites mucha práctica fuera de la sesión. Sírvete de ella para escuchar, aprender nuevos temas y, si todo va bien, organizar otras quedadas entre gente de tu nivel, más orientadas a la práctica y al aprendizaje.

“Soy el nuevo Matt Molloy, pero aún no lo sabéis”

Puede ser que en tu eterna soledad hayas (o creas que has) alcanzado un nivel de “maestro zen” en tu instrumento. Por supuesto, esto te puede abrir muchas puertas y facilitar las cosas al entrar en una sesión (especialmente, en el caso de las sesiones estándar). Pero piensa que habitualmente las sesiones se construyen más sobre un repertorio variado y una interpretación apropiada (correcta, con un ritmo marcado y contundente, que todo el mundo pueda seguir) que sobre la excelencia técnica. Tocar cinco temas al ritmo del latido de un colibrí (o del pulso de Chimo Bayo) puede dejar boquiabiertos al resto la primera vez, pero puede que a la segunda se aburran de ti, especialmente si no pueden seguirte el ritmo. No se te van a caer los anillos por tocar “Morrison’s jig” en bradicardia. Y si te aburres, tal vez deberías buscar otra gente.

La cuestión de la velocidad en las sesiones (y en la música irlandesa) merecería una entrada a parte. Aquí tan solo cabe recordar que la velocidad no es siempre sinónimo de calidad y buen gusto, y que no es extraño encontrar sesiones de músicos principiantes tocando a velocidades imposibles, como tampoco de veteranos disfrutando de un ritmo relajado.

“Toco guitarra o percusión y me gustaría unirme”

Guitarra (y otros instrumentos de cuerda pulsada, como el bouzuki o la mandola) y bodhran son instrumentos de acompañamiento habituales en la música irlandesa, y como tales pueden aportar brillantez y calidad a la música desde el punto de vista rítmico y armónico. Pero, si bien el resultado puede ser increíble, los más fácil es que la incorporación de este tipo de instrumentos acabe en una catástrofe.

wanted
Wanted

El motivo es simple: En la música irlandesa, guitarra y bodhran son instrumentos de acompañamiento. La idea de acompañar implica, aunque le pese a los más avezados defensores de sendos instrumentos, que estos instrumentos tienen un papel secundario. Son la guinda del pastel; el barniz de un mueble sólido. A diferencia de otras músicas como el rock y el pop, donde percusión y guitarra construyen la base rítmica y armónica, en la música irlandesa el ritmo surge de los instrumentos melódicos, y, en última instancia, de dentro de los intérpretes. En las mejores condiciones, los músicos que llevan la melodía intentan escucharse los unos a los otros para encajar el ritmo de una forma natural. Pero este delicado equilibrio es fácil de romper con una armonía exótica o un ritmo agresivo.

Esta advertencia incide en un hecho: guitarra y bodhran (percusiones, en general)  son instrumentos muy accesibles, con curvas de aprendizaje favorables, y resulta frecuente que en una sesión se acaben juntando varias guitarras y bodhráns sin mucha experiencia.

Si eres guitarrista o percusionista, debes abrazar la condena del buen político: el que lo hace bien, suele pasar inadvertido. Contigo, la sesión puede ganar mucho; pero también lo puede perder absolutamente todo.

“Toco el fagot, cajón flamenco, djembé, saxofón, pito rociero…” (y un largo etcétera)

Este asunto es delicado: ¿hay instrumentos prohibidos en una sesión? La música es un sonido que recordamos, con sus timbres, singularidades, tradiciones e imágenes. Hay instrumentos que llevan más tiempo y menos. Unos se han perdido, por cuestiones prácticas relativas al tamaño o el coste (véase el arpa o el piano); otros se han asimilado bien en relativamente poco tiempo (bouzuki, guitarra…); otros están en la frontera, y van y vienen según modas.

bodhran
Un percusionista es convenientemente explulsado del pub, posteriormente será apaleado, descuartizado, y los restos de su cadaver arrojados a los perros. Es la tradición en Irlanda.

Por supuesto, todo instrumento fue nuevo en la música irlandesa alguna vez. Generalmente, quien empezó sabía muy bien lo que hacía. La música tradicional se resiste al cambio por definición, pero no es inmóvil.

Pero sé realista: ¿de verdad vas a ser tú quien introduzca el clarinete o el palo de agua a la música irlandesa? E incluso aunque seas ese genio que descubrirá una nueva forma de interpretar esta música, te costará mucho que te acepten en una sesión (salvo que seas un tío estupendo e invites a todas las cervezas).

Quiero tocar el tema X, que aprendí esta semana. ¿Puedo?

De eso se trata. Pero cabe hacer algunas observaciones.

Primero, es recomendable para el buen clima de la sesión que todo el mundo tenga la posibilidad de proponer temas. Aunque se haga de forma implícita, es bueno respetar ciertos turnos (como quien cede el turno de palabra en una conversación). Además, intenta no imponer un repertorio muy personal, especialmente si es excesivamente complejo o no está adaptado para otros instrumentos (los fiddlers somos famosos por dejar caer de vez en cuando algún tema en tonalidades extrañas para flauta/whistle). En general, si llevas media hora tocando solo y nadie te mira, esa debería ser una buena advertencia de que algo va mal (o de que eres el fantasma de un músico… que no un músico fantasma).

Segundo, ten en cuenta con las melodías en música irlandesa suelen agruparse en sets (de 2, 3 o hasta 4 temas), así que es recomendable que mezcles ese nuevo tema que acabas de aprender con otros que ya conozcas (mejor si pertenecen a un repertorio habitual de tu sesión) Si no, es posible que estés todo el rato arrancando temas de un minuto, y dejando a tus colegas con ganas de más. Si todavía te cuesta montar un set, habla previamente con los otros músicos para pensar en temas que puedan ir bien, incluso aunque no puedas tocarlos al principio. Es una forma excelente y casi natural de ampliar el repertorio.

Tercero, y al hilo de lo anterior, es costumbre que quien propone un set, lo acabe. Por tanto, y salvo que te indiquen lo contrario (o estés en un ambiente de mucha confianza), intenta no “colar” ese nuevo tema en el set que otra persona ha iniciado.

¿Dónde puedo encontrar sesiones?

La respuesta corta (independientemente del lugar del mundo en el que estés): thesession.org

Si prefieres utilizar el viejo método de preguntar o enterarte por “el amigo de”, lo tendrás  harto complicado fuera de países con tradición en sesiones (Irlanda, Reino Unido, Canadá o Estados Unidos); e incluso dentro de estas regiones, dependerá mucho de la región y de la ciudad (tendrás más probabilidad de éxito en ciudades grandes y cosmopolitas).

En el caso de España (la comunidad más cercana a los autores del blog), la mayoría nos hemos puesto en contacto a través de la red. Solo en extrañas ocasiones nos hemos topado de bruces con una sesión o con alguien que compartiera gustos musicales similares.

Y si no encuentro sesiones, ¿cómo organizo una?

Primer paso: buscar a los músicos (¡obvio!). No recurras a los grandes números: asegurarse dos o tres intérpretes solventes (dos instrumentos melódicos y uno de acompañamiento) garantiza una buena sesión.

Segundo paso: si es la primera vez que contactas con los otros músicos, es recomendable que pongáis en común un repertorio. No se trata de elaborar una lista cerrada de temas, sino, simplemente, una forma de conocer vuestros gustos y niveles musicales, e ir con la confianza de que podéis estar tocando una o dos horas en un lugar sin acudir a la barra o a conversaciones en exceso. Esto facilitará también el cuarto paso.

Tercer paso: buscar el lugar. En el contexto español, pueden ser bares, tascas, pubs, restaurantes o cualquier otro evento lúdico-público no demasiado frecuentado. Cualquier lugar puede ser prometedor; no os dejéis llevar por lo pintoresco de las tabernas irlandesas (salvo que el dueño sea irlandés y conozca bien de qué van las sesiones, pues puede facilitar el siguiente paso). Puede que no os interese tocar en un lugar público, y queráis reuniros tranquilamente en una casa, lejos de presiones externas. Es una opción muy recomendable, especialmente si no podéis organizar sesiones con frecuencia en algún otro sitio.

Cuarto paso: “engañar” al dueño del bar. Este punto es crítico. Puede que vosotros tengáis claro qué es una sesión, pero el anfitrión del bar no (de nuevo, me ciño al contexto español). Y va a ser imposible hacérselo entender hasta que lo vea con sus propios ojos. Por lo tanto, debéis entender su posición. La principal ventaja es que le estáis ofreciendo algo que no le cuesta dinero, y puede ser muy atractivo. El inconveniente es que a lo mejor le llenáis el bar de músicos que consumen lo justo, o se espera algo de mayor calidad (parecido a un concierto) o, simplemente, no termina de entender de qué va todo. Otras barreras más imperantes pueden ser la disponibilidad de licencias para espectáculos, ante lo que no podéis hacer mucho (sí, una sesión no es un concierto; lamentablemente, las autoridades locales no van a leer este blog). Sed conscientes también de que la primera sesión en un local nuevo puede ser crítica, así que no descartéis cierta preparación, o incluso que sea más restringida.

Quinto paso: la agenda. Una vez tengáis éxito en establecer una sesión, es bueno que os sentéis a pensar en una agenda; incluso aunque la conclusión sea la ausencia de una agenda. Intentad llegar a compromisos realistas. Demasiada frecuencia os puede aburrir, y un plan infrecuente o irregular puede conducir a la desmotivación y a la pérdida de contacto. En cualquier caso, el propietario del establecimiento os agradecerá apalabrar fechas con anticipación, en caso de que quiera gestionar otros eventos.

 

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