Milestone at the garden, la época dorada del fiddle en Nueva York.

Hubo un tiempo en el que los limpiabotas podían hacerse ricos invirtiendo en bolsa, los obreros de la construcción destilaban whisky en sus bañeras, y los intrépidos mozalbetes irlandeses de la gran manzana, repartían el valioso licor entre los locales de alterne nocturno. Los mismos locales en los que hasta altas horas de la madrugada, se bailaba, se bebía, se apostaba, y se hacían enemigos irreconciliables, a los que posteriormente visitaban mafiosos y asesinos a sueldo, para practicarles el conveniente y tradicional ajuste de cuentas. Bienvenidos a los locos años 20.

we want beer
Huelga de bebedores en protesta por la ley seca

Cualquier persona mínimamente familiarizada con la cultura irlandesa, sabe que tras la diáspora del siglo XIX, numerosas colonias de emigrantes se establecieron mayoritariamente en las grandes ciudades de la costa este de los Estados Unidos, y allí, en un entorno mucho más benigno que el de su tierra natal, y aprovechando los vientos favorables que manaban de Wall Street, estos antiguos campesinos encontraron trabajo como obreros de la construcción, comerciantes, dueños de bares, e incluso como músicos. Y es que la música viajó con ellos en los grandes barcos que llegaban a Ellis Island, dejando en gran medida a su país de origen, no solo huérfano de su gente, si no también de una gran parte de su cultura. Fueron estos emigrantes irlandeses en ciudades como Boston y sobre todo Nueva York, los que conservaron la música tradicional irlandesa, los que la promovieron, y mayoritariamente, los que la dieron a conocer al mundo a través de las primeras grabaciones en discos de acetato de 78 RPM, realizadas a partir de estas mismas fechas, y algunas de las cuales, están recogidas en esta recopilación llamada “Milestone at the Garden

El álbum está compuesto por 25 cortes en los que soprendentemente, solo hay un set de Michael Coleman, el considerado por muchos, como el padre del violín irlandés del siglo XX. Pero es que Coleman estaba muy bien rodeado de otros muchos músicos excepcionales, como es el caso de James Morrison, Paddy Killoran, John McKenna o Kip Scanlon entre otros, y es en estos secundarios de lujo, es en los que pone su mirada este trabajo.

Packie Dolan, violinista de Brooklyn en 1920

La mayor parte de estas grabaciones realizadas en Nueva York y en Irlanda, desde 1922 hasta 1959, fueron obtenidas de actuaciones en directo en diversas emisoras de radio. Era costumbre de la época, que violinistas, flautistas y gaiteros, tocaran en para programas musicales, y este era el momento elegido para inmortalizar sus actuaciones, de hecho, la limitación de medios, y muchas veces la improvisación, hacen que algunos de los cortes que luego se editaban como singles, estuvieran incompletos, porque el músico no era capaz de calcular con precisión cuando terminaba la pista de grabación, y ante una señal in extremis del operador, este acababa el tema de manera un tanto brusca casi siempre, y tremendamente imaginativa en la mayoría de las ocasiones, muchos de estos finales casi cómicos, son imitados a día de hoy por los músicos modernos más apegados a la tradición, justo antes de terminar el set con una buena retahila de risas.

 

Cada una de estas grabaciones puede considerarse una pequeña joya en si misma, y no solo desde el punto de visto etnomusical y cultural, ya en el siglo XXI, los coleccionistas pagan pequeñas fortunas por los escasos discos de acetato que aún se conservan, y más en este caso,  ya que suponen el punto de partida de la tradición musical de una cultura que está extendida a lo ancho de todo el globo. Tenemos que tener en cuenta, que las grabaciones modernas en formatos digital o analógico, son repeticiones de codigo informático que luego se convierte en audio por la acción de un reproductor, pero en estos discos, el sonido se grabó por contacto de una aguja que rallaba el material mientras el musico tocaba, así que en cierto modo, el sonido original de estas leyendas de la música tradicional, esta capturado en ellos para la posteridad, proporcionando el estatus de tesoro a cada uno de estos discos.

irish 78rpm
Disco original de acetato con una pista en cada cara

Como hemos comentado, la escasez de medios, lo arcaico de la tecnología, y la improvisación que llevaba a los pianistas titulares de la radio, a tener que acompañar una música con la que no estaban familiarizados, provocó que la calidad del sonido, y a veces de los acompañamientos, fuera verdaderamente deplorable, pero en nuestra modesta opinión, lejos de restar un ápice a la calidad de intrepretación de estos sensacionales músicos, que hicieron maravillas con sus instrumentos en una época en la que no existía youtube ni las escuelas de música, le añade cierto toque humano, y que conecta muy bien, con un subconsciente demasiado acostumbrado a la profesionalización moderna.

Como la mayor parte de estas grabaciones tienen más de 75 años, están fuera de las leyes que protegen los derechos de autor, y son por tanto patrimonio público, asi que podemos ofreceros algunas de las que están alojadas en los servidores de nuestros colaboradores Archive.org.

Paddy Killoran y Paddy Sweeney, dueto de violín. (Farrel O’Gara, The Silver Spire). Nueva York 1931.

Tom Ennis y James Morrison Uillean Pipes y violín. (The Humours of Bandon). Nueva York 1927.

Michael Coleman, violín (Paddy Ryan’s Dream, The Milliner’s Daughter). Nueva York 1937.

 

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